16 de junio de 2024
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Giorgio Perlasca, el ‘Shchindler’ italiano que vivió en Zaratán y salvó la vida de miles de judíos

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21 de diciembre de 2021

Después de ser destinado en el municipio durante la Guerra Civil, el italiano se hizo pasar por cónsul español en Hungría, arriesgando su vida para salvar la de 5.000 personas

Zaratán tuvo gran importancia durante la Guerra Civil española. Pese a encontrarse en la retaguardia del bando nacional desde el inicio de la contienda, el municipio fue elegido para dar acogida a alrededor de 300 combatientes italianos. Ocurrió en la primavera de 1937, tras la derrota que los aliados de Franco -agrupados en el Corpo de Truppe Volontarie (CTV)- sufrieron en Guadalajara. Entre estos soldados, los cuales ya habían participado previamente en la guerra de Abisinia, se encontraba Giorgio Perlasca, un sargento de un grupo motorizado y un convencido con las ideas que promulgaba el fascismo italiano y el franquismo español.

Perlasca se alojó durante algunos meses en la casa de Juan Gervás y Victorina Cernuda. Allí, desde el primer momento, demostró un carácter “extrovertido y educado”. Según se cuenta, no dudó en aprender castellano e imbuirse de las tradiciones y costumbres locales. A diferencia de la capital, las viviendas unifamiliares de Zaratán permitían a los italianos estar cohesionados hasta nuevas órdenes. Durante este período, los soldados se integraron perfectamente con la gente del pueblo. Muchos jóvenes zarataneros probaron su primer cigarro ‘Macedonia’ de manos de estos voluntarios. Algunos de ellos, incluso, protagonizaban conciertos y bailes en la antigua barbería de la Plaza Mayor, unas “celebraciones” prácticamente insólitas en unos días marcados por el horror de la guerra, mientras que otros -entre ellos Perlasca- llegarían a mantener correspondencia con efímeras novietas del municipio antes de ponerse en marcha para seguir dando cumplimiento a su deber.

Tal y como recuerda Jesús María Aparicio, profesor de la UVa y nieto de Juan Gervás y Victorina Cernuda, “Perlasca fue muy apreciado durante su estancia en Zaratán, que por otra parte estuvo cerca de ser arrasada por la aviación republicana: cuando el Gobierno supo que había tropas italianas alojadas aquí, se enviaron bombarderos para atacar la localidad, pero al sobrevolarla se dieron cuenta de que las tropas ya se habían marchado y cambiaron su rumbo hacia Valladolid”.

Concretamente corría el año 1944 cuando Perlasca se encontraba en Hungría, acompañando al embajador español Ángel Sanz Briz. Hungría, por entonces, era una nación aliada de la Alemania Nazi, y el propio embajador de Franco se vio obligado a regresar a España tras algunas desavenencias con este gobierno ‘títere’. Los alemanes estaban enviando a los judíos de esta nación a los campos de concentración, y tenían interés en hacer lo propio con una comunidad de 5.000 sefardíes que allí residían. Se trataba de judíos con raíces españolas, por lo cual solicitaban ser protegidos por el gobierno de Franco. Al fracasar Sanz Briz en su intento por mediar para ayudarles, y consciente de que la deportación supondría su muerte segura, fue entonces cuando Perlasca decidió hacerse pasar por cónsul español para intentar salvar la vida de este colectivo. Así, afirmó ser el sustituto de Sanz Briz gracias a documentación falsa, y señaló contundentemente que España reclamaba que no se deportase a estas 5.000 personas.

Lo hizo arriesgando su vida, pues en caso de ser detectado su fraude las S.S. le habrían eliminado, sin recursos económicos y con la única intención de salvar a este colectivo, aún sabiendo que era prácticamente imposible lograrlo. Afortunadamente, tras el ‘farol’ diplomático, el gobierno húngaro aceptó las “peticiones” del cónsul Perlasca y el engaño surtió efecto. Según muchos historiadores, el papel de Perlasca fue mucho más relevante que el del propio Oskar Schindler -popularizado por la célebre película de Spielberg- pues salvó a muchas más personas arriesgando mucho más.

Durante toda la contienda, Perlasca se había convertido en enemigo del nazismo al observar el trato degradante que los alemanes daban a los judíos y a otros colectivos. El italiano continuó haciéndose pasar por diplomático hasta enero de 1945, poco antes del final de la Guerra. Además, en este período continuó visitando y suministrando provisiones a esta comunidad, incluso pese a la escasez reinante en una ciudad sitiada por el ejército soviético.

Las acciones de Perlasca, sin embargo, no se dieron a conocer a nivel internacional hasta el año 1989, cuando un comité de supervivientes le descubrió en Padua, instando al Parlamento de Hungría a concederle la Medalla de Oro. Su historia llegó a todos los rincones de Europa precisamente en un momento clave: por entonces se estaba llevando una auténtica ‘caza’ contra los últimos nazis que seguían ocultos y bajo búsqueda judicial en el viejo continente. Perlasca fue nombrado ‘Justo entre las Naciones’ por su hazaña, en nombre del Gobierno de Israel. Además, recibió numerosas condecoraciones en Italia, Estados Unidos o España, donde se le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Al igual que en el caso de Schindler, las peripecias de Perlasca quedarían para la posteridad en la cinematografía contemporánea gracias al filme ‘El Cónsul Perlasca’, dirigida por el italiano Alberto Negrín. No está claro si Perlasca volvió a visitar Zaratán en su vejez, pero bien es cierto que el éxito de su misión se debió a los amplios conocimientos del castellano que comenzaron tras su llegada al municipio vallisoletano. Finalmente, el italiano falleció de un ataque al corazón en 1992, dejando tras de sí el ejemplo de la justicia y de la solidaridad en su máxima expresión. Su secreto, guardado celosamente durante tres décadas, es, a día de hoy, un merecido homenaje a su sacrificio.

Fotografía principal: Giorgio Perlasca junto a la fuente de Zaratán durante la Guerra Civil Española (Fotografía cedida por Franco Perlasca). En la parte inferior, Perlasca en un homenaje en Israel, y cartel de la película de 2002 que trasladó su hazaña a la gran pantalla.

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